Aunque leas estas líneas posiblemente nunca llegues a entrar en estas cuevas simplemente porque están cerradas al público desde 1996, fecha de la última exploración arqueológica. 22 privilegiados pudimos visitarlas el 6-3-2011 con motivo del Día de las Cuevas y pudimos apreciar in situ sus famosos gráficos rupestres.
Uno de los actos del Día de las Cuevas que se celebró este 2011, el día 6 de marzo, en Urdazubi/Urdax y Zugarramurdi fue esta visita guiada, para un reducido número de personas. Estas cuevas normalmente se encuentran cerradas y valladas. Quizá alguien las recuerde porque el sendero de las Cuevas, que une las grutas de Sare, Zugarramurdi e Ikaburu (Urdax), pasa por su misma puerta y hace un rodeo para dirigirse a las de Ikaburu.
El pequeño grupo de visitantes se organizó para acercarse a esta finca particular situada en un cruce entre Urdax y Zugarramurdi. Tras un corto paseo de aproximación por Berroberriko Bidea (foto 1), bajamos a la primera de las Cuevas, la de Berroberria, donde se realizaron en su día las excavaciones más importantes (foto 2). La cueva fue descubierta por el espeleólogo y estudioso francés Roman Castéret (el de la cueva helada de Ordesa) a principios de siglo y fue explorada también, en los años 30, por José María de Barandiaran. En los años 90 se realizaron las últimas excavaciones y en 1996 se cerró al público.
Los principales restos prehistóricos que se hallaron se encuentran en el Museo de Navarra, en la nueva sala de Prehistoria, como el famoso molar humano de Homo Sapiens que se considera el resto humano más antiguo de Navarra (24.530 a.C). Otros utensilios de caza encontrados (flechas, herramientas de tallado...) también proceden de aquí. En la cueva, pequeña, se puede apreciar desde la entrada la superficie que fue excavada en sucesivas campañas. Hoy se encuentra tapada por uralita y plásticos para preservar el terreno (foto 3).
La segunda parte de la visita consistió en organizarse en grupos de 5 para acceder al fondo de la cueva de Alkerdi. Tras un paso realmente estrecho y bajo, y un tramo intermedio de túnel, llegamos al rincón donde nos aguarda la sorpresa más preciada. Los restos de grabados que uno o unos homínidos grabaron en la roca caliza con un objeto punzante y, quién sabe, si en la oscuridad total o a la luz del fuego (no se sabe a ciencia cierta).
Los grabados son difíciles de distinguir, no van a compañados de pinturas y apenas se aprecian con la luz de la linterna. Hay que jugar con los diferentes ángulos. Con la ayuda de la reproducción del libro la mayoría de los asistentes pudieron distinguir la cabeza del ciervo (ver foto 4), el bisonte pequeño y la parte trasera de uno más grande. Para algunos estudiosos se han llegado a encontrar similitudes en el trazo con otros restos hallados en la cueva de Istúriz.
Por supuesto solo queda agradecer a Goyo, el responsable de las cuevas de Ikaburu, por su invitación y las claras explicaciones que nos proporcionó durante nuestra visita.
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