Un
auténtico paseo en plan familiar hasta esta atalaya
de la cuenca de Pamplona al Norte. Ningún tipo de
dificultad para subir a la que durante tiempos se conoció como
la
"montaña del toro de Osborne".
Ruta para realizar en familia dada
su corta duración y desnivel. Llegados desde Pamplona por
la antigua carretera a Irurtzun hasta Añézcar buscamos
la iglesia y aparcamos a lado, junto a un pequeño
parque infantil. El camino de subida y la dirección son claros.
En pocos metros nos topamos con un panel informativo que
nos recuerda que este primer tramo es una antigua y centenaria
cañada real de ganado, la Cañada de las Provincias,
también conocida como GR 9 aunque hoy día está descatalogada
y no se puede llamar así. No encontraremos señalización
oficial en forma de pintura blanca y roja, pero sí unos mojones
de cemento con las inscripciones CRP y en la parte superior
las iniciales VP de vía pecuaria.
Seguimos en los primeros metros la vía pecuaria hasta un
primer cruce, que tomaremos a mano izquierda el sentido más
ascendente. Al poco llegaremos a una cancela bien cerrada
para el ganado que tendremos que superar por arriba sin poder
abrirla. en el kilómetro y pico escaso que tenemos hasta
la cima encontraremos una segunda desviación, pues un ramal
baja por la derecha entre el pinar por las faldas de la montaña.
No hacemos caso y seguimos subiendo hasta una bifurcación.
A partir de aquí la opción es doble (ver el mapa) Podemos
seguir la dirección recta adentrándonos en el bosque y alcanzando
la cima en unos centenares de metros, pero el terreno no
está del todo limpio sobre todo si vamos acompañados
de niños. La segunda opción, solo un poco más larga,
es seguir el camino de la izquierda, más limpio y claro hasta
alcanzar el cordal de la izquierda y la caida de la montaña
hacia el sur. Topamos con un mirador hacia la cercana área
de la autopista en Zuasti. Seguimos subiendo hacia el noroeste
con la caida a un lado y por terreno más o menos despejado
hasta que la pendiente cede y encontramos la cima con los
característicos bloques de cemento donde se asentaron durante
muchos años las cuatro patas de un toro de Osborne
que se veía por la carretera nada más acercarse a Pamplona.
Afortunadamente hoy solo quedan restos de piedra. El descenso
lo realizamos por el mismo lugar hasta el cruce de caminos
anterior. Si no nos acompañan menores, optamos por
el descenso directo por el bosque, pasando por unas ruinas
de una construcción con chimenea. La senda se encuentra en
no muy buen estado, pero el tramo es corto y pronto topamos
con la desviación y el camino inicial. Seguimos la alambrada
a nuestra izquierda que nos separa del pinar de la cara norte
y pronto alcazamos de nuevo la Cañada Real y nuestro
coche en Añézcar.
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