Ascenso
por la ruta sur que lleva hasta el camino de Bariain y
de Malpica y trepada final. Descenso por la ruta normal
que viene de Monreal y que evita la molesta carretera que
llega hasta la cima.
Visitamos el puente medieval de Monreal
y avanzamos un poco más hasta una casa con murete
en la subida a la Higa. Allí nace un sendero que pasa
sobre un segundo puente y empieza a estar señalizado
con pintura amarilla. Seguimos subiendo hasta un cercado
para caballos y de nuevo nos topamos con la consabida carretera.
En este paso clave, común al camino de ida y de vuelta,
hay que decidir qué opción
seguir. Si continuamos en clara dirección derecha,
hacia un cercano pinar, subiremos por el tradicional camino
norte. Si seguimos las señales a mano izquierda de
la montaña, tomaremos
el camino del sur que va rodeando la mole de la Higa en un
sendero claro hasta las ruinas de la Borda de Cascante, a
mitad de camino.
Vamos ganando altura y comenzamos a ver los molinos eólicos
de las sierras de Izco y de Alaiz y el caserío de
Equisoain, en reconstrucción. Al poco del collado,
la senda se vuelve camino. Al llegar a un claro cruce de
caminos, en la zona de Txapaeta, vemos el camino de Malpica,
que rodea la Higa por el norte, y el de Bariain. Abandonamos
estas cómodas
opciones, que nos llevarían a dar una vuelta completa
al monte, para girar 180º y
acometer la ascensión a los repetidores de la cima.
Unos hitos entre un bojeral nos guían
hasta una zona de zoquedo llamada Peña Grande, que
superamos por la mitad. En el tramo final el terreno se vuelve
más rocoso
y con tierra suelta; unas cadenas nos ayudan a
alcanzarla cima con sus repetidores, el buzón
de Elomendi y el ermita-refugio de Santa Bárbara.
Para bajar retrocedemos a la vertiente sur por la que vinimos
y en un primer tramo de arbustos poco claro, encontramos
una senda, también pintada, que pronto nos introduce
en un joven hayedo y va describiendo una curva hasta coger
de nuevo la vertiente norte de la montaña.
El tramo por el hayedo es húmedo y resbaladizo hasta
que se llega a la carretera. Las sendas intentan descender
sin pisar mucho asfalto, pero en un tramo de unos 500 m,
mediada la bajada, no es posible. Continuamos la senda pintada
de amarillo y con flechas hasta el pinar que vimos al principio,
que superamos hasta llegar al cercado de caballos, donde
empalmamos con el itinerario de ida hasta el puente y la
casa.
Con posterioridad a la fecha en la que realizamos la ruta se han construido unos molinos de viento en las cercanías, lo que afea enormemente la excursión.
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